La comida como antídoto/tratamiento a la enfermedad del tiempo
- Estudiante Gimnasio Campestre
- Director del Centro de Estudios Sociales del Gimnasio Campestre
Correspondencia para los autores:
sarcila@campestre.edu.co
Recibido: 15 de octubre de 2025
Aceptado: 5 de noviembre de 2025
Table of Contents
RESUMEN
En la sociedad moderna, la aceleración del ritmo de vida ha generado efectos negativos en la salud mental, entre ellos la disociación de la identidad. Esta investigación explora la relación entre el ser humano y la comida a un nivel antropológico, social e histórico como una herramienta para mitigar los síntomas de la desconexión con la identidad. Con un análisis de autores como Mark Fisher, Sigmund Freud y Carl Honoré, se investiga el impacto del estrés capitalista y la privatización del tiempo en la salud mental. Se abarcan fenómenos como el efecto de la Magdalena de Proust y el movimiento Slow Living para demostrar cómo la alimentación consciente puede ser una herramienta de resistencia ante la enfermedad del tiempo. La metodología usada fue un análisis documental para recopilar y analizar fuentes relevantes. Los hallazgos sugieren que la alimentación, consciente y controlada, no solo es un acto biológico, sino también un medio que puede servir como posible tratamiento a esta enfermedad del tiempo.
Palabras clave: comida consciente, enfermedad del tiempo, disociación, efecto Proust, Slow Living.
ABSTRACT
In modern society, the acceleration of life’s pace has generated negative effects on mental health, including identity dissociation. This research explores the relationship between humans and food at an anthropological, social, and historical level as a tool to mitigate the symptoms of disconnection from identity. Through an analysis of authors such as Mark Fisher, Sigmund Freud, and Carl Honoré, the impact of capitalist stress and time privatization on mental health is investigated. Phenomena such as the Madeleine de Proust effect and the Slow Living movement are examined to demonstrate how mindful eating can serve as a resistance tool against the disease of time. The methodology used was a documentary analysis to collect and analyze relevant sources. The findings suggest that mindful and controlled eating is not only a biological act but also a potential treatment for this disease of time.
Key Words: mindful eating, disease of time, dissociation, Proust effect, Slow Living
La comida, con sus efectos en el sistema de recompensa y la evocación de recuerdos, puede ser utilizada para reconectar con la identidad y mitigar la disociación.
INTRODUCCIÓN
En la era contemporánea, la sociedad enfrenta una creciente desconexión entre el individuo y su identidad, lo que ha llevado a una «epidemia» de vacíos existenciales y problemas de salud mental, como el trastorno de disociación y despersonalización. Este fenómeno se ve exacerbado por un sistema capitalista que prioriza la productividad sobre el bienestar humano, generando una «enfermedad del tiempo», término definido por Larry Dossey, que afecta la percepción del tiempo y la identidad. Ante la falta de soluciones efectivas en el ámbito farmacéutico y terapéutico, este artículo propone explorar la relación entre el ser humano y la comida como una herramienta para abordar estos problemas. La comida, con sus efectos en el sistema de recompensa y la evocación de recuerdos, puede ser utilizada para reconectar con la identidad y mitigar la disociación. Este artículo tiene como objetivo general explorar la relación histórica entre el ser humano y la comida para encontrar aspectos útiles en el tratamiento de enfermedades mentales como el trastorno disociativo.
MARCO DE REFERENCIA
La frase “un problema bien planteado constituye la mitad de la solución” (Russel Ackoff) es muy reconocida, no solo porque suena bien, sino porque es cierta. Antes de proponer una solución, es crucial entender claramente la problemática, establecer los conceptos que la rodean y delimitar su extensión. Este marco teórico busca aclarar los conceptos clave y delimitar los temas con las fuentes que se trabajarán, proporcionando una base sólida para el análisis de la relación entre la comida, la salud mental y la disociación de la identidad en el contexto de la sociedad contemporánea.
El campo problemático principal de esta investigación es la salud mental, que comprende el estado emocional, psicológico y social del individuo. El problema se plantea como el efecto de la desconexión entre el ser (la concepción propia de cada uno como individuo, es decir, la identidad) y el exterior (eventos ajenos a nuestra identidad) en la salud mental. Este planteamiento es conciso y permite expandirse para indagar en sus causas y efectos. El periodo de estudio es relativamente moderno, ya que la mayoría de las fuentes lo son, lo que permite proponer soluciones a problemas actuales. Entender y definir mejor esta desconexión es imperativo para responder a la pregunta de investigación.
La desconexión entre el ser y el exterior se manifiesta en problemas como el trastorno de disociación y despersonalización, donde el individuo pierde el sentido de sí mismo y se siente ajeno a su propia identidad. Este fenómeno se ve exacerbado por el ritmo acelerado de la vida moderna y las demandas del sistema capitalista, que prioriza la productividad sobre el bienestar humano. Para abordar este problema, es necesario explorar cómo la comida, como herramienta cotidiana y accesible, puede ayudar a reconectar con la identidad y mitigar los efectos negativos de la disociación.
La primera fuente utilizada es La privatización del estrés de Mark Fisher (2009), que analiza la cultura del trabajo y el consumo digital en el contexto del capitalismo neoliberal. Fisher argumenta que el capitalismo ha individualizado problemas que en realidad tienen un origen social o cultural, como la desconexión y otros problemas de salud mental. Según él, estos problemas son responsabilidad individual, mientras que el sistema capitalista permanece impune. Fisher resalta el ritmo de vida acelerado actual, ejemplificado con el trabajador freelance, quien depende totalmente de su productividad para subsistir. “Diez minutos en la calle es un lujo que un trabajador freelance no se puede tomar” (Fisher, 2009). Este ritmo acelerado, combinado con las nuevas tecnologías y el gerencialismo, ha incrementado la presión administrativa sobre los trabajadores. Fisher define este fenómeno como “realismo capitalista”, donde la privatización del estrés juega un rol central en la emergencia de este campo de batalla ideológico.
Fisher también aborda cómo el capitalismo ha logrado naturalizar su dominio a través de la aceptación ritualizada de su terminología, desbaratando cualquier intento de oposición. «Es nuestra misma aceptación ritualizada de su terminología la que ha logrado naturalizar el dominio del capital y desbaratar cualquier intento de oposición” (Fisher, 2009). El capitalismo neoliberal se ha convertido en el único sistema posible, y su éxito en gestionar su propia oposición lo ha llevado a la invisibilidad. Esta invisibilidad deshumaniza al individuo, convirtiéndolo en un conjunto de datos y eliminando su autonomía. “Las iniciativas gerencialistas sirven a la perfección a sus objetivos reales ocultos, que son los de debilitar más aún el poder del trabajo y socavar la autonomía de los trabajadores” (Fisher, 2009). Esto afecta la autopercepción del individuo, volviéndolo invisible ante la sociedad y ante sí mismo.
Fisher critica los métodos de ayuda aceptados por la sociedad, como la terapia cognitivoconductual, que combina el enfoque en la infancia con la idea de que los individuos pueden convertirse en los amos de su propio destino. Smail lo denomina “voluntarismo mágico”: “puedes cambiar el mundo, porque el mundo es cosa tuya en última instancia, para que ya no te provoque estrés” (Fisher, 2009). Este enfoque perpetúa la privatización del estrés, culpando al individuo por no poder manejar las demandas del sistema. Fisher argumenta que estas terapias no abordan las raíces sociales y culturales de los problemas de salud mental, sino que simplemente ofrecen soluciones superficiales que refuerzan la idea de que el individuo es el único responsable de su bienestar.
En El malestar en la cultura (1930), Sigmund Freud introduce el concepto de un sentimiento oceánico, una sensación de eternidad y falta de límites que genera un vacío existencial. Este sentimiento es una de las causas por las que el hombre busca la religión u otras soluciones para encontrar un sentido. Freud también describe la ambigüedad del yo, que se extiende hacia dentro sin límites precisos, lo que plantea las primeras ideas de disociación. “El yo se continúa hacia dentro, sin límites precisos, con una entidad psíquica inconsciente que denominamos ello y a la cual viene a servir como de fachada” (Freud, 2016). Esta falta de definición del yo es crucial para entender cómo la disociación puede surgir como una respuesta natural a los estímulos negativos del exterior.
Freud define la disociación como una desconexión entre partes de un sistema, en este caso, la identidad o el yo. “La patología nos presenta gran número de estados en los que se torna incierta la demarcación del yo frente al mundo exterior” (Freud, 2016). El ser humano tiende a expulsar de su identidad todo aquello que le causa displacer, creando un “no-yo” que lo protege del mundo exterior. Esta tendencia es una respuesta natural de protección, pero en exceso, puede llevar a una desconexión perjudicial. Freud explica que esta disociación no es inherentemente negativa, ya que permite al individuo protegerse de estímulos dolorosos o amenazantes. Sin embargo, cuando se lleva al extremo, puede resultar en una pérdida de conexión con la propia identidad y con el mundo exterior.
El efecto de la magdalena de Proust, inspirado en Marcel Proust, muestra cómo los sabores y aromas pueden evocar recuerdos y emociones profundas. Este fenómeno, descrito en En busca del tiempo perdido (1913), ha sido estudiado desde una perspectiva psicológica por Luis Martínez Casasola Hernández (2020), quien explica que este efecto se basa en el sistema límbico, donde convergen emociones, recuerdos y percepciones. El tálamo, hipotálamo, hipocampo y amígdala juegan roles cruciales en este proceso. Este efecto es una parte crucial del análisis y posteriormente de la conclusión planteada, debido a su profunda conexion con el sistema nervioso y, por ende, la autopercepción e identidad.
El ritmo acelerado de la vida moderna es uno de los principales factores que contribuyen a la desconexión entre el ser y el exterior, generando problemas de salud mental como la ansiedad, el estrés y la disociación. Este fenómeno, conocido como la «enfermedad del tiempo», ha sido ampliamente estudiado por autores como Carl Honoré, quien en su libro Elogio de la lentitud critica la cultura de la velocidad y propone alternativas para reconectar con el momento presente.
Honoré describe cómo la cultura de la velocidad invade todos los aspectos de la vida moderna, desde el trabajo hasta las relaciones interpersonales. «En este mundo parece que si eres rápido eres más inteligente: hay que trabajar rápido, andar rápido, ser rápido contestando» (Uppers, 2022). Esta aceleración constante crea un estado de ansiedad y estrés que deteriora nuestra salud mental y física. La necesidad de ser productivos en todo momento nos lleva a vivir en un estado de alerta permanente, donde incluso los momentos de descanso se ven afectados por la presión de responder correos, mensajes y otras demandas laborales. Este ritmo frenético no solo afecta nuestro bienestar individual, sino que también erosiona las relaciones interpersonales, ya que las interacciones se vuelven superficiales y apresuradas. “La rapidez excesiva le pasa factura a nuestro cuerpo y nuestras relaciones” (Uppers, 2022).
Además, Honoré critica el uso excesivo de las tecnologías que promueven esta prisa, como las redes sociales y los dispositivos móviles. Estas tecnologías, producidas en masa por las supercorporaciones, tienen como objetivo transformar al usuario en un producto fácilmente manipulable. Según él, “nadie nos obliga a dedicar 4 horas diarias al móvil; tenemos la opción de usar ese tiempo para dar sentido a nuestra vida” (Honore, 2022). Este comentario resalta la responsabilidad personal en elegir el ritmo de vida, sugiriendo que es posible optar por una existencia más reflexiva y menos apremiante. Sin embargo, la presión social y las demandas del sistema capitalista hacen que esta elección sea cada vez más difícil.
Larry Dossey, médico estadounidense, acuñó el término “enfermedad del tiempo” para describir la creencia obsesiva de que el tiempo se escapa y nunca es suficiente. “El tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo” (Honore, 2004). Esta enfermedad se manifiesta en la sensación de pérdida de control y en la necesidad constante de ser productivo, lo que lleva a las personas a vivir en un estado de ansiedad perpetua. Honoré argumenta que esta enfermedad es un síntoma de un sistema que valora la eficiencia económica sobre la humanidad, y que la única manera de combatirla es a través de unadesaceleración consciente.
Honoré no solo se queda en la crítica, sino que presenta una propuesta como alternativa al ritmo acelerado: el movimiento Slow Living. Este movimiento no se trata simplemente de hacer las cosas más lento, sino de encontrar el “tempo giusto”, o el ritmo adecuado para cada actividad. “Ser lentos cuando hay que serlo nos hace ser más equilibrados, descansar mejor, comer mejor, amar mejor” (Honore, 2004). El Slow Living incluye disfrutar del momento presente, priorizar la calidad sobre la cantidad y buscar una mayor conexión entre uno mismo y los demás. Honoré dice que esta forma de vida puede llevar a una mayor satisfacción personal y a relaciones más significativas. “La lentitud es un superpoder” en un mundo que constantemente nos empuja hacia la prisa (Honore, 2004).
Un ejemplo concreto de cómo la lentitud puede aplicarse en la vida cotidiana es el movimiento Slow Food, iniciado por Carlo Petrini en 1986. Este movimiento nació como una protesta contra la apertura de un restaurante de comida rápida en la Plaza España de Roma, un lugar lleno de cultura e historia. Petrini argumentó que la comida rápida no solo era perjudicial para la salud, sino que también representaba una pérdida de conexión con los rituales y tradiciones que rodean la alimentación. “Luchamos por el derecho a establecer nuestros propios tempos” (Honore, 2004). El movimiento Slow Food promueve una alimentación consciente y sostenible, donde se prioriza la calidad de los ingredientes y el tiempo dedicado a preparar y disfrutar las comidas. En 1989, los representantes del movimiento firmaron el Manifiesto Slow Food, que sintetiza su ideología en una sola frase: “Por la defensa y el derecho al placer”.
La comida, en este contexto, se convierte en una herramienta para reconectar con el momento presente y con la identidad. El movimiento Slow Food no solo busca desacelerar el ritmo de vida, sino también reconectar con la cultura y los rituales que rodean la alimentación. Al tomarse el tiempo para preparar y disfrutar una comida, se fomenta una mayor conciencia de lo que se consume y de cómo se relaciona con el entorno. Este enfoque consciente de la alimentación puede ayudar a mitigar los efectos negativos de la aceleración y la desconexión, permitiendo a las personas reconectar con sus propias emociones y recuerdos.
El concepto de «gusto» va más allá del simple acto de saborear. Giorgio Agamben, en su libro Gusto, explora cómo esta noción se ha desarrollado históricamente, especialmente entre los siglos XVII y XVIII, cuando comenzó a definirse como una facultad relacionada con el juicio y el disfrute de la belleza. Agamben destaca que el gusto no es solo una percepción sensorial, sino un acto de conocimiento que trasciende la inteligencia. Etimológicamente, la palabra «gusto» proviene de la familia sapio (gustar), sapiens (el degustador) y saphés (perceptible al gusto). En conclusión, el gusto no se limita a degustar alimentos, sino que implica una evaluación más profunda que genera opiniones y juicios sobre lo que se consume.
Aunque comúnmente se asocia el gusto con el sentido del sabor, su impacto en el ser humano es mucho más amplio y complejo. Para comprender estos efectos, es esencial analizar el papel histórico y biológico que la comida y la alimentación han tenido en la humanidad.
Según la fuente de la Junta de Castilla y León, Historia de la alimentación humana, la relación del ser humano con la comida ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. Inicialmente, la especie humana era cazadora-recolectora, pero la domesticación del fuego marcó un punto de inflexión. El fuego no solo hizo los alimentos más masticables, reduciendo el tiempo y las calorías necesarias para consumirlos, sino que también permitió la extracción de nutrientes, eliminó la toxicidad de ciertos alimentos y ayudó a preservarlos por más tiempo. Estos avances permitieron una rápida evolución de la especie, con un aumento en el tamaño del cerebro y el desarrollo de la agricultura y la ganadería, lo que puso fin al nomadismo.
MATERIALES Y MÉTODO
La metodología empleada en esta investigación es la investigación documental, definida como una “investigación cualitativa que recopila y selecciona información a través de la lectura de documentos, libros, revistas, grabaciones, filmaciones, periódicos y bibliografías” (Camila Ortega, 2023). Para ello, se han estudiado libros, artículos y ensayos de diversos autores cuyas temáticas son relevantes para el objeto de estudio. El proceso de recolección de información se divide en varias etapas: primero, se seleccionan las fuentes; luego, se realiza una lectura inicial para comprender los conceptos e ideas principales. Posteriormente, las fuentes se dividen en secciones temáticas para identificar los contenidos más útiles, ya que muchas son extensas y abarcan temas que no siempre se alinean con los intereses de la investigación. A continuación, se utiliza una tabla de cita-comentario para recopilar fragmentos clave que sirven como argumentos de autoridad y permiten resumir la lectura. Finalmente, los datos, posiciones y conceptos de los autores se integran en un diálogo que busca analizar y resolver la pregunta de investigación. Cabe destacar que la mayoría de las fuentes utilizadas son relativamente modernas.
DISCUSIÓN
Larry Dossey describe la «enfermedad del tiempo» como una sensación de pérdida de control y alejamiento del mundo exterior e interior, donde el tiempo parece escaparse debido a la aceleración constante de la vida. Esta enfermedad se manifiesta en la creencia obsesiva de que nunca hay suficiente tiempo, lo que lleva a las personas a vivir en un estado de ansiedad perpetua. Por su parte, Mark Fisher, en La privatización del estrés, argumenta que el capitalismo neoliberal ha individualizado problemas psicológicos que, en realidad, tienen raíces sociales y culturales. El estrés y la ansiedad, síntomas de la enfermedad del tiempo, son vistos como responsabilidad individual, mientras que el sistema capitalista permanece impune. Fisher sostiene que el capitalismo ha normalizado esta aceleración, convirtiéndola en una carga personal, lo que perpetúa la desconexión entre el individuo y su entorno.
La conclusión que surge al analizar a ambos autores es que la enfermedad del tiempo no es solo un problema personal, sino un síntoma de un sistema que prioriza la productividad sobre el bienestar humano. La privatización del estrés es la manifestación individual de una enfermedad colectiva que afecta a toda la sociedad. Uno de los principales medios de propagación de esta enfermedad es la vida laboral, donde se exige productividad, eficiencia y entregas constantes, sin importar el costo personal. Esta dinámica laboral se convierte en la vida misma, sobreponiéndose a cualquier necesidad de desarrollo personal y reduciendo al individuo a un simple engranaje dentro de un mecanismo que es demasiado grande para comprender. Fisher argumenta que el sistema capitalista ha logrado «invisibilizar» sus propias fallas, culpando al individuo por no mantenerse al ritmo de sus demandas. Dossey, por su parte, señala que esta aceleración no es natural, sino impuesta por un sistema que valora la eficiencia sobre la humanidad. En conjunto, ambos autores muestran que la enfermedad del tiempo y la privatización del estrés son dos caras de la misma moneda: mientras Dossey describe cómo la aceleración distorsiona nuestra percepción del tiempo, Fisher explica cómo el sistema capitalista convierte esta aceleración en un problema individual.
El impacto psicológico de la enfermedad del tiempo es profundo. Las responsabilidades y presiones que el sistema impone al individuo generan un efecto nocivo en su salud mental. Para entender por qué esto ocurre, es necesario explorar cómo el individuo tiende a acoplar partes de su entorno a su identidad. Sigmund Freud introduce el concepto del «sentimiento oceánico», una sensación de eternidad y falta de límites que genera un vacío existencial. Este sentimiento puede entenderse como un síntoma más de la enfermedad del tiempo, ya que dificulta la delimitación del inicio y fin de las actividades cotidianas. Freud también describe la disociación como un mecanismo de autodefensa, donde el individuo expulsa de su identidad todo aquello que le causa displacer, creando un «no-yo» que lo protege del mundo exterior. Este proceso explica por qué algunas personas terminan asociando su identidad con su entorno laboral, donde la productividad es valorada y las recompensas son más accesibles. Sin embargo, esto lleva a la disociación de aspectos importantes de la identidad, como las relaciones personales o los gustos individuales, reemplazándolos por una necesidad constante de ser productivo.
Fisher ilustra este fenómeno con el ejemplo del trabajador freelance, quien debe buscar constantemente oportunidades para producir, dejando poco tiempo para sí mismo. Este caso muestra cómo la aceleración y la privatización del estrés conducen a la disociación. Freud, por su parte, explica que la disociación no es inherentemente negativa, ya que es un proceso natural que nos permite protegernos de estímulos nocivos. Sin embargo, cuando se lleva al extremo, se convierte en una respuesta adaptativa a un sistema que exige constantemente más del individuo, desconectándolo de su identidad y sumergiéndolo en un estado de alienación. Juntos, Fisher y Freud muestran que la disociación excesiva no es solo un problema psicológico, sino una respuesta a las demandas del sistema capitalista, que nos obliga a desconectarnos de nosotros mismos para sobrevivir.
La disociación causada por la enfermedad del tiempo puede compararse con una enfermedad autoinmune, donde el cuerpo, al intentar defenderse de algo desconocido, ataca sus propias células y termina dañándose a sí mismo. En este caso, el individuo ataca su identidad, expulsando inconscientemente partes de sí mismo para protegerse de un entorno hostil. Fisher y Freud muestran que esta disociación es una respuesta a la privatización del estrés y la aceleración, pero también una trampa, ya que perpetúa la desconexión entre el ser y el exterior, produciendo sujetos cada vez más individualistas. Aunque la disociación es una respuesta natural, no es una solución, ya que nos aleja de nuestra identidad y nos sumerge en un estado de alienación. Freud ayuda a comprender que la disociación es un mecanismo de autodefensa, pero también nos muestra sus limitaciones y su lado contraproducente. Al expulsar partes de nosotros mismos que nos causan displacer, nos desconectamos de nuestra identidad y de nuestro entorno. Si continuamos expulsando todo aquello que nos resulta incómodo, al final quedará poco de lo que realmente nos compone, y terminaremos creando una identidad hueca, moldeada por las exigencias del sistema capitalista.
Carl Honoré, en su libro Elogio de la lentitud, propone el movimiento Slow Living como una respuesta a la aceleración de la vida moderna. Este movimiento no se trata solo de hacer las cosas más lentas, sino de encontrar un ritmo adecuado para cada actividad, priorizando la calidad sobre la cantidad. En este contexto, la relación con la comida se convierte en una herramienta esencial para reconectar con el momento presente y con uno mismo. Un diálogo entre Fisher y Honoré resulta interesante, ya que en uno se identifica la causa y el efecto, y en el otro se propone una respuesta a los efectos nocivos de dichas causas. Fisher critica el sistema capitalista por su ritmo acelerado y su privatización del estrés, mientras que Honoré ofrece una alternativa: el Slow Living. Aunque Honoré no propone un cambio masivo del sistema, su enfoque en la lentitud y la comida consciente ofrece un antídoto parcial a la enfermedad del tiempo. Este enfoque sugiere un cambio estructural en la sociedad, donde se priorizan restaurantes que ofrecen la comida como algo más que simple combustible, en contraste con la comida rápida, que no solo contamina ambientalmente, sino también socialmente.
El efecto Proust, inspirado en Marcel Proust, muestra cómo los sabores y aromas pueden evocar recuerdos y emociones profundas. Este fenómeno, estudiado por Luis Martínez Casasola Hernández, revela que la comida no solo nutre el cuerpo, sino también la mente. Este efecto tiene una conexión directa con la disociación, ya que mientras la comida puede «nutrir» la mente al evocar recuerdos, la disociación actúa como una purga, expulsando aquello que resulta nocivo. El efecto Proust puede ser utilizado de manera consciente para reconectar con fragmentos de nuestra identidad que se han disociado. Una analogía útil es imaginar la identidad como un trozo de papel gigante que crece con nuestras experiencias. La disociación sería como rasgar partes de este papel para protegernos, pero al hacerlo, corremos el riesgo de perder fragmentos importantes. El efecto Proust actúa como una fotografía que nos permite revisar y reconectar esos fragmentos perdidos.
En conclusión, la comida, utilizada de manera consciente, puede funcionar como un antídoto parcial a la enfermedad del tiempo. El efecto Proust y el movimiento Slow Living ofrecen herramientas para reconectar con la identidad y mitigar los efectos de la aceleración y la disociación. Aunque estas soluciones no resuelven completamente los problemas inherentes al sistema capitalista, representan una forma de resistencia individual y sistemática dentro de un sistema opresivo. La comida, al evocar recuerdos y emociones, tiene el poder de traernos de vuelta a nosotros mismos, incluso en un mundo que nos empuja hacia la desconexión.
Como ya fue establecido, la problemática y la enfermedad del tiempo existen en un plano que trasciende lo individual para convertirse en social. Los síntomas de esta enfermedad son sociales, al igual que la causa, y esa disociación de la identidad no se queda únicamente en lo individual, pero igualmente tiene características y efectos sociales. Es así que una posible solución, o antídoto, debe también tener una connotación social, y no mantenerse únicamente en la esfera personal. La comida cumple con este requisito, pues su impacto social la vuelve en una herramienta poderosa, no solo para aliviar esos síntomas individuales, sino también para afectar el campo social. La relación de una sociedad con la comida es profunda y significativa, como prueba el movimiento slow living al darle tanta relevancia al daño causado por la comida rápida a lo social, más allá de la salud individual. El movimiento defiende que los efectos de tener una cultura de la comida más saludable, lenta y sostenible cuentan con un impacto tremendo a nivel social.
CONCLUSIÓN
La finalidad de esta monografía es responder a una pregunta, por lo cual se determinaron unos objetivos, se realizó una investigación, un análisis y para concluir, es crucial volver a esta pregunta y sus objetivos. Realizar una recapitulación de estas preguntas y objetivos es primordial para iniciar una conclusión.
La pregunta que guía la investigación es: ¿De qué manera la relación entre el ser humano y la comida puede ofrecer claves para abordar el bienestar mental y mitigar la disociación de la identidad? En términos de objetivos, el general era explorar la relación histórica entre el ser humano y la comida para encontrar aspectos útiles que sirvan para pensar en el tratamiento de enfermedades mentales tales como trastorno disociativo y la despersonalización. Los objetivos específicos son identificar algunos de los aspectos que tiene el estilo de vida actual con nuestra disociación de la identidad; explorar fragmentos la relación histórica y antropológica entre el ser humano y el alimento, y como puede resultar en un reflejo de la sociedad; conocer los efectos y las razones detrás de ellos que tiene el alimento y su ritual en la mente y la conciencia humana (sistema de recompensa y evocación de recuerdos) para poder usarlos como herramientas.
Recapitulando la pregunta, durante la investigación se exploró extensivamente la relación entre la comida y el ser humano, no únicamente con efectos puntuales como el de la magdalena de Proust, pero también se hizo una exploración de movimientos como el de Slow Food, el cual refleja un intento en la reparación de la relación dañada entre la comida y el humano. Para comprender el porque se daño la relación entre la comida y el humano (también se estableció lo importante que era esa relación en todos los seres vivos, especialmente para seres sociales y con cultura como nosotros), se exploró profundamente, por medio de referentes como Mark Fisher y Sigmund Freud, la raíz de la problemática. Esta problemática, según los hallazgos de la investigación, tiene un origen social, y se le dio el uso al término de ‘enfermedad del tiempo’, la cual encapsula la problemática inicial de la investigación.
Esta enfermedad del tiempo, término usado primeramente por Larry Dossey, encuentra una mayor profundidad junto a las ideas de Freud y Fisher. Es FIsher el que tiene la conexión más directa, específicamente con su ejemplo del trabajador Freelance, un caso perfecto que demuestra cómo laprivatización del estrés lleva a los miembros de la sociedad a cargarse con problemas de origen social, a un nivel personal. Resulta entonces insostenible para los trabajadores resolver estas problemáticas, pues no cuentan con herramientas para realizar un cambio social profundo que realmente consiga un efecto. Con las ideas de Freud somos capaces de conectar el porqué estos trabajadores (en este ejemplo) asocian su trabajo a su identidad, y disocian otros aspectos más complejos pero de importancia para su bienestar. Esto lo hace a través de la explicación de cómo, desde el nacimiento, el ser humano busca delimitar su dominio, tanto físico como mental (donde termino yo y empieza el mundo), es por eso que disociar (des-asociar) inicia siendo una herramienta útil para el ser humano. Pero usar esa herramienta de forma inconsciente tiene una conexión con la enfermedad del tiempo, pues lleva a alterar nuestra percepción, la identidad y los intereses personales, siendo reemplazados por una realidad mas mas estable y estimulante, como la laboral, la cual gira entorno a la productividad a todo costo, incluso sobre la salud mental. De la misma manera y para concluir estas ideas, la relación funcionaria también de manera inversa, es decir no sólo la disociación es un causante (o empeorante) de la enfermedad del tiempo, pero también la enfermedad del tiempo contaría con la disociación como síntoma, pues se refuerza la conducta de alejar de la identidad aspectos personales, además de que la incrementada ansiedad resultante de la máxima de productividad explicada por la privatización del estrés, generaría una desviación excesiva como respuesta natural (pero no saludable) del cuerpo.
Para terminar la recapitulación de la pregunta, en la investigación se estudió al movimiento de Slow Living como un movimiento de resistencia, en el cual la relación entre el ser humano y la comida se usa como herramienta para reducir los síntomas de la enfermedad del tiempo. El alcance del Slow Living como movimiento trasciende lo individual, al afectar cadenas de producción y el desarrollo de una industria más consciente. De hecho, el movimiento inició como producto de una protesta en Italia, cuando se reemplaza un restaurante artesanal por uno de comida rápida, lo cual puede ser observado como un reflejo del cambio que sucede en la sociedad que siempre prioriza lo rápido, efectivo y productivo. Más allá de lo social, este evento también simboliza ese proceso interno, en el cual por medio de una disociación excesiva se reemplazan partes de la personalidad e identidad por elementos que la sociedad impone. Lo más interesante que se encontró en la investigación es ese evento que desencadena el movimiento Slow Food como una analogía para explicar lo que sucede a nivel social y personal. Finalmente, el aspecto de mayor importancia extraíble de la analogía es el de la solución planteada por el movimiento, ya que esa “comida consciente” puede funcionar de manera literal y figurativa como antídoto a esta enfermedad del tiempo. Aprender que siempre priorizar la productividad es nocivo, y darle el tiempo debido a cada proceso enseña a la mente a incorporar (en la analogía es ser selectivo con la comida y su procedencia) de una manera inteligente, que lejos de ser una solución permanente para esta privatización del estrés que le resulta tan útil a el sistema capitalista, puede disminuir los síntomas y recuperar un poco del control que esta mismanos arrebata de nuestra propia vida e identidad.
Respecto a los objetivos, se considera que se consiguió el principal, ya que fue fruto de la exploración de la relación del humano y la comida que se encontraron efectos como el de Proust o incluso el movimiento de Slow Food. Estos conceptos fueron claves para entender como la relación del humano con la comida puede funcionar como una herramienta mitigante del síntoma de la enfermedad del tiempo de la disociación de la identidad. Sobre el primer objetivo específico, durante la investigación se identificaron aspectos del estilo de vida actual con nuestra disociación de la identidad por medio de referentes como Freud y Fisher. Para el segundo objetivo específico, se consiguió parcialmente, pues es cierto que existió una investigación de esta relación de una forma antropológica, pero durante el desarrollo la investigación giro más hacia los lentes sociales y psicológicos, los cuales no requieren de una búsqueda tan extensa, por lo que la cantidad de investigación histórica y antropológica fue suficiente para lo que se requería. Para el tercer y último objetivo, como ya fue explicado anteriormente, se conocieron efectos que tiene el alimento en el cerebro y como su repercusión puede ser utilizada como una herramienta. A su vez, se vio como el ritual de comer también tiene una consecuencia (puede ser positiva o negativa), y el valor de otorgarle el tiempo debido a este. Realizar esta recapitulación permite resumir los hallazgos principales de la investigación y simultáneamente responder esa pregunta principal.
Limitaciones y alcances de las soluciones propuestas, líneas de desarrollo y vacíos del conocimiento
Es importante discutir las limitaciones y los alcances de la investigación y de la solución a la pregunta propuesta. Sobre la investigación, al haberse mantenido en un marco mayormente social y psicológico, se debe entender que existen ciertas limitaciones en cuanto a lo antropológico, histórico y neurológico. Por más que se hizo un análisis histórico y antropológico, este no fue el centro de la investigación, y es por eso que se obviaron muchísimos eventos relevantes y/o ejemplos en el pasado que pueden ser interpretados de una diferente manera. Un tema que queda como una posible línea de desarrollo es investigar sobre cómo, al igual que en esa plaza de Italia el cambio de algo tradicional por algo que prioriza la productividad funcionó como un reflejo social a mayor escala, la comida y su posición en una sociedad puede servir como un reflejo de esta misma en otros ámbitos. Esta posible línea de desarrollo estaría más enfocada en un aspecto histórico, realizando comparaciones entre múltiples civilizaciones, su relación con la comida y demás aspectos relevantes. Otra línea de desarrollo que puede surgir de la investigación es como el movimiento de Slow Living afecta varias industrias y sus cadenas de producción, analizar qué efectos positivos y a largo plazo pueden existir de un acto colectivo tan simple como ser más conscientes de los productos que compramos e ingerimos. Por más que esto es una parte importante de la conclusión de esta investigación, pues se establece que el efecto del movimiento trasciende lo individual y toma una importancia social y económica, sería interesante estudiar profundamente estos efectos con ejemplos específicos, datos cuantitativos y modelos que formulen predicciones a futuro.
Respecto a la respuesta de la pregunta, evidentemente existen limitaciones, una de ellas se explica en el texto de Fisher, pues “”. Esto denota que el problema es inherente a el tipo de sociedad capitalista en la que vivimos, y cómo este modelo se plantea como el único modelo posible, se debe entender que la alternativa que se plantea no puede funcionar como una solución final al problema, y debe entenderse como una ayuda que haga más llevadera la experiencia propuesta por el sistema. Es correcto concluir que el movimiento Slow Living, aprender a incorporar y disociar de una forma consciente no son más que herramientas que pueden mitigar ciertos efectos indeseados que produce vivir en este tipo de sistemas, más nunca podran del todo erradicar aspectos negativos de forma permanente, ya que son inherentes al sistema y se requeriría un cambio total. Existe un vacío en el conocimiento de que sucedería si nos inclinamos por una sociedad con un ritmo más lento, ya que evidentemente tendría efectos en la productividad (incalculables), pero también existiría una repercusión en la salud mental. Este vacío puede llevar a otra línea de desarrollo, esta vez a un nivel psicológico y psiquiatrico, donde se estudie de una forma cuantificable que efectos tiene realizar esa serie de cambios ya mencionados en un grupo, y podría resultar revelador en términos de hacia dónde debería dirigirse la sociedad a futuro, si preferir la productividad o la sostenibilidad.
La reflexión final que se tratará en este artículo de investigación es la idea de cómo movimientos como el de Slow Living cobran un valor agregado al enseñar a incorporar de una manera consciente. El movimiento Slow Living tiene una gran conexión con la comida, especialmente con el proceso de consumir e ingerir. Llevando esto a una analogía, se puede entender a la persona como el cerebro, que recibe comida (estímulos y memorias). Lo que critica el movimiento es esta ingesta sin conciencia y a un ritmo acelerado de todo aquello que la sociedad nos fuerza. En un nivel literal, esto es la comida y demás productos que ingerimos, pero la analogía nos permite conectarlo a un nivel más personal y entender que nuestro cerebro también ingiere estímulos de la sociedad, los cuales son poco saludables y existe poca conciencia sobre esto. El movimiento propone como solución una ingesta más deliberada con tiempos más correctos para cada proceso, lo cual en la analogía puede funcionar como una mejora en el sistema de incorporación mental, que permitimos que permee en nuestra identidad. Generar este tipo de conciencia es de vital importancia si es que se busca reducir los impactos negativos de una sociedad que, como subproducto de los muchos beneficios que nos trae, genera esta enfermedad del tiempo. Es clave saber que esta enfermedad del tiempo y demás efectos como la privatización del estrés son inherentes a este modelo de sociedad y economía que hemos construido. Esta investigación no busca criticar este modelo ni proponer soluciones a este, pero si estudiar alternativas y acciones conectadas con la comida y nuestra relación con esta que puedan solventar algunos de estos efectos nocivos, y permitir al individuo disfrutar de una forma más consciente los beneficios que trae.
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