Categoría: Investigación + creación

Artículo de reflexión

La memoria como medio de cuantificación del olvido y el trauma para el proceso cíclico de reflexión, sanación y confrontación a partir de la expresión simbólica de los procesos artísticos  

Tomás Carvajal Perea 1 Alejandra Díaz 2

1. Estudiante de 11º del Gimnasio Campestre 2. Tutora investigación de grado. Investigadora asociada Centros de Estudios Gimnasio Campestre

Correspondencia para los autores: tomas.carvajal@campestre.edu.co, adiaz@campestre.edu.co

Recibido: 8 de junio de 2022 

Aceptado: 30 de septiembre de 2022 

RESUMEN

Palabras clave

La presente investigación se desarrolla como un artículo de reflexión alrededor del concepto de memoria, su funcionamiento y la consecuente aproximación desde diversas perspectivas, incluido el psicoanálisis, empleado como herramienta que permite su comprensión más profunda.  La reflexión partió de la exploración de la propia memoria y el mundo interior del autor, la identificación de las marcas o huellas que quedan en ella, y su impacto en la construcción del ser en el presente. Así mismo, se utilizó el arte como medio de conocimiento y comunicación, lo que permitió́ darle cara y forma a dichas huellas y marcas, enfrentar las memorias reprimidas y confrontarlas desde un proceso creativo. Este proceso detonó reflexiones no solo desde lo teórico, si no desde la experiencia y  a través de los diálogos con los autores, teóricos y expertos diversos que han abordado la memoria como concepto y como motor en sus reflexiones y creaciones.

Memoria, olvido, trauma, Unheimlich, reprimidos de la memoria, psiquis,  origen, humano, otredad,  mundo externo, mundo interno.

Abstract

The present research unfolds as a reflection on the concept of memory, its behavior and approach from diverse perspectives. To this effect, psychoanalysis was considered as a tool that allowed a deeper understanding of the concept. The reflection developed based on exploring one’s memory and inner world, in order to identify any remaining marks or traces, and how they impact the present construction of one’s being. Likewise, art was used as a means of knowledge and communication, which allowed giving those traces and marks faces and shapes, in order to confront the memories repressed. The creative process set off a series of reflections not only from the theoretical spectrum but also from experience itself, while additionally allowing a series of dialogues with diverse authors, theorists and experts that have dealt with memory on their own reflections and creations.

Key Words: memory, oblivion, trauma, Unheimlich, repressed memories, psyche, the origin, the human, otherness, outer and inner worlds.

Es gracias a la memoria que los seres humanos expresan sus emociones, ideas o pensamientos, y que se crean los recuerdos o traumas que llegan a afectar de forma positiva o negativa al individuo

INTRODUCCIÓN

En esta investigación, la memoria se presenta como su concepto rector, y se entiende como la capacidad que el cerebro humano desarrolla para retener y recuperar información de manera voluntaria. También se entiende como la capacidad para recordar todo tipo de estímulos que ocurrieron en el pasado o que ocurren en el presente. Es gracias a la memoria que los seres humanos expresan sus emociones, ideas o pensamientos, y que se crean los recuerdos o traumas que llegan a afectar de forma positiva o negativa al individuo; esto último en función del presente. 

A través de los tiempos, el arte se ha considerado en relación con la memoria como una herramienta fundamental que posibilita el retorno a un pasado, ya sea desde un lugar de resistencia o negación del mismo; que crea experiencias en el contacto del público, y genera emociones y sensaciones que el conocimiento racional no logra captar en toda su plenitud. Dicho esto, el presente artículo de reflexión pretende indagar sobre la manera en que el arte como expresión y medio de comunicación propone espacios de reparación y reflexión para situaciones de dolor y trauma en un grupo de personas (artista y espectadores), a partir de la confrontación de sus propias realidades reflejadas en la obra.  Para ello, se indagó sobre la psiquis y el psicoanálisis como herramienta para comprender los fenómenos propios de la memoria y el olvido. A partir de dicha indagación, se logró identificar y caracterizar las funciones y las enfermedades de la memoria en relación con el trauma, para posteriormente proponer imágenes simbólicas y acercarse a la relación memoria-trauma-olvido que permitan detonar una experiencia tanto para el artista como para el espectador al confrontarse con la obra propuesta.   Me dispongo, por tanto, al ejercicio de investigación: primero frente a la ciencia, a lo teórico, a lo objetivo, para así llegar a la narrativa del arte y la filosofía y desde allí, desde el reconocimiento del concepto de memoria, construir desde la subjetividad lo reprimido. Esto surge de las marcas que dejan los traumas, para propiciar la experiencia cíclica: cuantificar (las marcas y lo reprimido) para más adelante poder reflexionar, sanar y confrontarlos. Los conceptos se desarrollarán más adelante en el cuerpo del texto.

MARCOS: TEÓRICO, CONCEPTUAL Y REFERENCIAL

La memoria

Entender la memoria, sus capacidades y funciones y abordarla desde lo científico permitirá estructurar las narraciones poéticas desarrolladas desde el proceso creativo y artístico, para más adelante tener la capacidad de reflexionar, sanar y confrontar dicho concepto. 

Soledad Ballesteros (1999), investigadora y catedrática de psicología, considera que los seres humanos forman su representación del mundo a partir de tres procesos cognitivos fundamentales: la percepción, el aprendizaje y la memoria.  Esta última ha sido relacionada de
manera directa con el aprendizaje. Ballesteros (1999) señala que la memoria es potencialmente uno de los procesos más importantes en el ser humano: es la capacidad de almacenar experiencias y poder beneficiarse de estas para una formación futura. Los mecanismos que dirigen el funcionamiento de esta estructura psicológica funcionan con un grado de optimización; es decir, todas las acciones y tipos de comunicaciones verbales del ser humano dependen del funcionamiento adecuado de su memoria. Según Cognifit (2019) dicha estructura posee tres funciones principales: la capacidad que el cerebro humano desarrolla para retener y recuperar información de forma voluntaria, consistente e involuntaria; también la capacidad para recordar todo tipo de estímulos que ocurrieron en el pasado o que ocurren en el presente; y por último, la organización de la información para que, de este modo, esta tenga un significado.  Es gracias a estas funciones, los seres humanos expresan sus emociones, ideas o pensamientos; se crean los recuerdos o traumas que llegan a afectar de forma positiva o negativa al individuo, esto último en función del presente, lo cual se explicará más adelante.

Para ampliar la conceptualización de la memoria es importante hablar sobre las enfermedades de la memoria, ya que estas pueden ayudarnos a comprender el fenómeno. Desde la perspectiva de la psicología cognitiva, Bilbao (2004) nos presenta que las alteraciones o enfermedades de la memoria se concretan en la memoria a largo plazo y se clasifican en general como amnesias. Existen varios tipos de alteraciones de la memoria; muchas de ellas son leves como es la prosopagnosia o el fenómeno de déjà vu y otras son graves y pueden ser permanentes como las amnesias. Bilbao (2004) también dice que las amnesias pueden ser anterógradas, es decir la incapacidad de generar nuevos recuerdos y la pérdida parcial de la memoria, dada por un problema neurológico o por causas psicológicas.  

Desde otra esfera del conocimiento, el concepto de memoria también ha sido analizado y abordado a partir de las obras de arte contemporáneas de archivo, también llamado «arte de la memoria», frente a los procesos de abstracción, tautología y representación ilusionista, que definen el arte conceptual. Esta recuperación de la memoria rehabilita los diálogos necesarios pasado/presente y sincronía/diacronía, más allá del triple interés, por el yo, por la realidad exterior y por el propio arte, que se aprecia en buena parte del arte del siglo XX tanto en las vanguardias como en las neo vanguardias (Trofinova, 2017). La memoria como concepto desde las artes será desarrollado en las reflexiones frente al propio proceso creativo más adelante en el cuerpo del artículo.

Olvido

Desde la filosofía, el olvido ha sido abordado a partir de diversos puntos de vista, incluyendo los filósofos y teóricos que lo han abordado desde el psicoanálisis. Por otro lado, en su libro Genealogía de la moral (1887),el filósofo Nietzsche plantea que la memoria y el olvido están vinculados de forma íntima, por lo que hablar de uno sin hablar del otro podría ser prácticamente imposible.  Adicionalmente, destaca un aspecto negativo de la memoria al categorizarla como un elemento que atormenta al ser humano, que le impide vivir totalmente en el presente, al punto casi de amarrarlo al pasado. Frente a esta posición, Nietzsche subestima el concepto de memoria, sobrevalora el olvido y lo identifica como el único elemento que puede liberar al hombre de las supuestas cadenas de la memoria, logrando así que el ser pueda liberarse de todo sufrimiento y dolor y llevar una vida feliz; este concepto aparece también como una facultad activa y no tanto como un desperfecto que cumple con la función propia de la vida.

En relación con este punto de vista, Ricoeur, filósofo y antropólogo, (1998) plantea dos tipos de olvido y para ello tiene en cuenta que la ausencia consigna una huella; el primer tipo de olvido es el destructor de tal huella. Se tata de un olvido definitivo que, al no tener la marca que el pasado deja, es irreversible. Este olvido inexorable trata de borrar la huella y el aprendizaje previo, convirtiéndose en una cuasi amenaza para el concepto de memoria, justificable con el objetivo de la preservación integral de la vida. El segundo tipo de olvido que el filósofo plantea es el olvido de reserva, donde la huella da la posibilidad del recuerdo, donde aparece ahora un olvido reversible. Este también plantea que solo existe un concepto de olvido si con anterioridad se ha puesto una huella, creando una herramienta para la memoria y la historia. El olvido atenta contra la fidelidad de lo que pasó, es decir de la historia, que es el objeto de la memoria. Ricoeur (1998) distingue el olvido en niveles o estatus. Por una parte, está la depresión, como el psicoanálisis lo va a denominar, que es el olvido que intenta ocultar un hecho, una experiencia de forma pasiva, remitiendo el hecho al inconsciente y reemplazándolo con un evento externo en su lugar. Según Anna Freud (1985) el olvido se define como el mecanismo de defensa frente a las experiencias dolorosas o negativas, que excluye estas memorias de manera activa de la conciencia, dominando el impacto del pasado en la persona. La autora también pensaba que la represión de estos recuerdos es un mecanismo para combatir la ansiedad de forma inconsciente.

Trauma

Según Saldaña (2014) la palabra trauma procede del griego de herida, entendiéndose como un acontecimiento que hiere el sentido de seguridad y bienestar y genera creencias falsas sobre el ser mismo y sobre el mundo exterior. Estos acontecimientos pudieron ocurrir de manera repentina o inesperada, lo que puede llegar a exceder la capacidad del individuo de manejar el problema, afectando sus marcos de referencia básicos para enfrentar situaciones externas que lo rodean. Así mismo, el trauma se puede entender como un supuesto de una situación de estrés aguda o crónica que está asociada a un significado simbólico que determina de forma negativa unas consecuencias en el mismo ser. Por ello, los sistemas traumáticos destruyen los sistemas de protección que proveen al ser una sensación de control y de significado, provocando miedo, sentimientos de indefensión, de pérdida de control y de amenazas, lo que cambia las perspectivas de este frente al mundo.

Saldaña (2014) señala que las memorias traumáticas marcan huellas en la persona; esa marca de un antes y un después la denomina como una fractura. Estos hechos traumáticos pueden ser marcados dependiendo de la historia personal; puede haber traumas relacionados con los sistemas de creencias previos como son la infancia, la violencia, el duelo, entre otros. El trauma puede permanecer en la memoria durante toda la vida.  Aunque el recuerdo se haya borrado, las emociones y las experiencias vividas quedan registradas expresándose en síntomas físicos o psicológicos, donde se encuentra una tensión permanente. El cuerpo tiende a revivir los eventos en forma periódica a través de las manifestaciones sensoriales como olores, sabores, ruidos o imágenes que son relacionados con los acontecimientos previos, pero lo hace de una forma fragmentada.  Es decir, que estas representaciones aparecen de manera incoherente por lo que es difícil de relacionarlas con el origen. La mayoría de estas fracturas se pueden originar desde la infancia donde el ser es más vulnerable, y sus vivencias son decisivas para lo que será la personalidad, el sentir y el actuar. 

«Es necesario el proceso de deconstrucción para la construcción, el salir del territorio cómodo para indagar en lo que antes estaba oculto, encontrando la línea simbólica para apropiarse de este origen y del proceso.»


El Unheimlich

En su libro On Mosters: an unnatural history of our worst fears (2009), Stephen T. Asma nos presenta el concepto del Unheimlich presentado por el filósofo alemán Schelling, el cual habla del concepto desde lo extraño, inquietante y aquello que en la actualidad es conocido como lo siniestro, definiéndolo como lo que debería haber quedado oculto y secreto pero se ha manifestado. Según Freud (1919) este concepto no tiene un sentido único, sino que pertenece a dos grupos representacionales no tan alejados entre sí: lo familiar e íntimo, y un segundo sentido algo más secreto, oculto o inclusive en algunos casos impenetrable. Así́ mismo, al hablar de lo oculto, lo vinculamos de manera natural con lo peligroso, lo que transforma las vivencias de lo familiar. Schelling lo considera como el juego dialéctico entre lo familiar y lo extraño, por el hecho de que esté concentrado en el mismo objeto, donde es escondido y revelado a la vez. Pareciera entonces que en el concepto de Unheimlichlos seres humanos no pueden deslindar la realidad de la versión alterna del mundo; la realidad adquiriría una particularidad donde lo conocido, lo familiar, se descubriría en su dimensión horripilante de lo monstruoso y los enterramientos silenciados. Esta dimensión: lo extraño, lo inquietante, aparece del origen.  Parece que lo siniestro se aleja, pero cada vez resurge, y así́ en esta alternancia se insinúa la dinámica del recuerdo y el olvido.

El origen hace presencia, conecta las huellas de los acusetes con la línea, que resultará como reprimido. Se permite proyectar la imagen como registro y metodología para llegar al ciclo, la obra como el archivo de la investigación.  Se hace la presencia de ello desde lo humano y lo no humano. Es necesario el proceso de deconstrucción para la construcción; el salir del territorio cómodo para indagar en lo que antes estaba oculto, encontrando la línea simbólica para apropiarse de este origen y del proceso.

Psiquis

Para poder entender el fenómeno de los reprimidos de la memoria es importante primero hablar sobre el concepto de psiquis o psique y por lo tanto revisar de nuevo el psicoanálisis, ya que es a través de estos que se construirá la noción de estos fenómenos internos.  En su texto Que es psique; una reflexión acerca de la psicología y su objeto de estudio (2005) Alberto Rosa habla sobre el término psique, antiguamente utilizado como simbología del alma, una metáfora de lo que conocemos como lo psicológico y los procesos psicológicos. Rosa (2005) señala que,desde la tradición intelectual alemana, Kant eligió trabajar sobre el principio vital de espíritu a partir de la carencia de material alguno, señalando que el espíritu se encuentra en el ser, en la sociedad y el lenguaje, lo que afecta de cierta forma la psiquis individual. Como lo propone Kant, los seres humanos solo podemos tener la experiencia desde las operaciones más no directamente desde la psique. Por lo último, podemos considerar la psiquis como “…un proceso que podemos considerar una espiral continua de encuentros dinámicos entre estructuras del organismo y sus entornos, siguiendo una forma que recuerda a las reacciones circulares de Baldwin” (Rosa, 2005). De la misma manera, Rosa (2005) nos trae la voz de Freud,  quién según él, sostenía en sus teorías y estudios sobre psicoanálisis que el comportamiento de los seres humanos se determinaba a través de las nociones inconscientes provenientes de las experiencias de la infancia a partir de las redes complejas de actitudes emocionales respecto a diversos escenarios.

Del mismo modo, Rosa (2005) expone algunos conceptos relacionados con la psique que incluyen: el consiente, término que busca acoplarse al mundo exterior y reconoce los estímulos procedentes de la vida psíquica interiores regidos por el principio de la realidad; y el inconsciente, término que se usa para referirse a las acciones mayoritarias de nuestra vida que solo es accesible a través del psicoanálisis, formando un contenido reprimido que intenta retornar a la conciencia. Freud desarrolló tales conceptos relacionándolos con las etapas de la vida.  En las llamadas experiencias tempranas de la niñez, asegura, existe una mezcla a partir de la fantasía y la realidad caracterizada por tales deseos, impulsos y ansiedades infantiles. En una siguiente etapa, se da una maduración progresiva en función corporal, junto a placeres y temores experimentados. Ello para en una etapa posterior llegar a la represión, una fuerza que mantiene el inconsciente de las fantasías relacionadas con los eventos no resueltos e inconclusos de los conflictos infantiles. 

En su texto El psicoanálisis (2016), Pablo Ríos explica que para Freud los sueños llegan a expresar a menudo el cumplimiento de los deseos infantiles, y llama a la interpretación de los mismos la vía al inconsciente, a las escenas deformadas y disfrazadas en los sueños. Ríos explica además el concepto de transferencia, una tendencia que ubica la mente humana al identificar nuevas situaciones de la plantilla de experiencias previas. “En psicoanálisis la transferencia ocurre cuando el paciente ve al analista como una figura parental con el cual puede volver a experimentar los mayores conflictos infantiles o traumas como si fuera la situación original” (Ríos, 2016). En su texto La memoria de Freud (2012) Matías Buttini ahonda en las nociones del yo propuestas por el mismo Freud: el yo, el ello y el súper yo. Para comenzar, el yo, un agente de la mente, principal de la conciencia, que ejerce la represión, consolidando los impulsos y tendencias antes de ser trasladadas a la acción; el ello, la parte inconsciente de la mente donde se establecen las partes reprimidas e incognoscibles de la memoria y las huellas de esas experiencias de la infancia; y el súper yo, una guía de la mente y la conciencia del lugar donde recuerdan los ideales y prohibiciones constituyendo las normas morales e ideales recibidos del mundo exterior, viéndose sumergido en el develamiento de las bases que soportan el origen del trauma desarrollado por una problemática moral. Buttini (20120) también explica que, con sus escritos de la memoria del psicoanálisis, Freud indica que el pasado retorna tengamos o no memoria de él; este retorna como reprimido o recuerdo intentando comunicar algo sobre el pasado, pero también sobre el presente.

Reprimidos de la memoria

De los reprimidos de la memoria se podría decir que nacen los monstruos internos, de los miedos e inseguridades que se han generado a partir de las experiencias individuales y de las posturas frente a la vida.

Existe un tipo radical de experiencia humana, similar al miedo, que se experimenta de una manera más profunda: la llamada angustia radical y ansiedad. El miedo es diferente de la angustia  que es una respuesta a una amenaza indefinida: “el peligro no está́ en ninguna parte en particular y, sin embargo, en todas partes” (Asma, 2009); un ejemplo de ello es el miedo cósmico, concepto desarrollado por Lovecraft. En su libro On Mosters: an unnatural history of our worst fears (2009) Stephen T. Asma nos presenta el concepto de angustia como una emoción inefable de proporciones metafísicas, que hace que los seres humanos salgan de las formas habitualmente utilitarias de operar en el mundo cotidiano, generando en el pensamiento el cuestionamiento del dilema existencial, es decir: ¿quién soy yo? Por otra parte, Asma (2009) señala que Freud propone articular una gama similar de experiencias subjetivas irracionales oblicuas. Las experiencias inquietantes no se podrían comunicar discursivamente, por lo que es necesario acudir a la expresión poética y visual para poder comunicarlo, siendo la  experiencia estética a la vez dolorosa y placentera, y que por lo general involucra las magnitudes inteligibles como complementarias. Por ejemplo, experimentar algún desastre natural abrumador desde una instancia segura. Asma (2009) también nos pone en diálogo la voz de Kant, quién lo explica como: «es un sentimiento de disgusto que surge de la insuficiencia de la imaginación, en una estimación estética de la magnitud, por una estimación por razones, pero al mismo tiempo también un placer»(Asma, 2009). Por otro lado, Asma (2009) pone en este mismo diálogo a Schopenhauer, autor que desarrolló aún más la filosofía de Kant, al sugerir que nuestras propias experiencias están más en contacto con la realidad que con nuestra lógica, razón y ciencia; según este autor, el arte tiene la capacidad única de sacar a la superficie la voluntad habitualmente sumergida, para que podamos ver el mundo y a nosotros mismos.

Esa lucha e inseguridad externas la refleja el mundo interno, pesimista de los monstruos: ansias de deseos, miedos, ansiedades tan poderosas que nos hacen sentir alienados de nosotros mismos. Diana Afanador, artista plástica y educadora artística colombiana, los define como criaturas que crean un sentimiento de vértigo, que hacen que nos cuestionemos nuestra cosmovisión epistemológica, nuestro alrededor y a nosotros mismos y revela primordial y directamente el mundo como mundo. Estos reprimidos son las personificaciones de lo que podemos caracterizar como Unheimlich, como una forma exterior al cuerpo o inclusive una versión alterna del ser; un alterno que actúa como un símbolo proyectado de las frustraciones y experiencias reprimidas, que se instalan en forma de bestias.


MÉTODO: APROXIMACIÓN METODOLÓGICA

La metodología de investigación que se desarrolló́ para esta investigación es de corte cualitativo, y se utilizaron como referentes y métodos investigativos, la investigación acción y la investigación creación. La primera, según Martínez (2004), se ocupa del estudio de una problemática social que afecta a una comunidad determinada; la problemática abordada en la presente investigación se concentró en el olvido, el trauma y las marcas que se hospedan en la memoria, en el entendido que dichas marcas tienen una afección consciente o inconsciente en la socio-emocionalidad de todos los individuos. En este caso puntual el punto de partida fueron las afecciones propias de quien escribe y reflexiona, consciente de que dichas afecciones constituían una problemática que afecta a la comunidad en general y con la intención de que de la mano de la obra propuesta y la reflexión se le permitiera al lector/ espectador reconocerlas en sí mismo y sanar y confrontar. Esta apuesta se hizo de la mano de la segunda metodología de investigación escogida: la investigación + creación, que según Minciencias (s,f)  entiende los procesos de creación artística como medio para generar nuevo conocimiento. Allí la experimentación juega un rol importante en la consecución del producto final, que se caracteriza por manejar un lenguaje plástico para llegar a un producto u obra original, obra que permitió no solo exponer si no proponer una experiencia para el espectador de cara a la problemática mencionada anteriormente.   

Se buscó abordar el problema desde la reflexión alrededor de la memoria, como concepto; para poder entender esta cómo funciona, se tuvo en cuenta el psicoanálisis como herramienta que permita comprenderla. Para la reflexión se partió de la exploración de la propia memoria y el mundo interior, para poder identificar las marcas o huellas. Como ya se mencionó, al hacer uso del arte como medio de conocimiento y comunicación, el proceso creativo permitió darle forma a dichas huellas y marcas, enfrentar memorias reprimidas y confrontarlas.  El proceso creativo detonó reflexiones no solo desde lo teórico si no desde la experiencia misma, en el proceso de creación y en los encuentros con los autores y expertos desde diferentes áreas que abordan la memoria.

Para esta investigación se partió desde la propia experiencia artística y estética, entendiendo la experimentación como concepto, práctica y fenómeno a investigar. Del mismo modo se tomó la práctica investigativa desde las artes como método en el cual la teoría y la práctica están ligadas una a la otra, desde la subjetividad. Esto permite un método de estudio en el que se investiga desde diversas disciplinas para dar un contexto y desde las humanidades para dar la reflexión; que se apropia de las ciencias sociales para establecer las diferencias entre las áreas disciplinarias; y se investiga también desde sus redes de conexión para aproximar el estudio asumiendo posturas filosóficas, estéticas, críticas, conceptuales y analíticas.

REFLEXIONES

Me planteo la teoría de que los recuerdos y los llamados lugares traumáticos, que se desarrollan en el exterior e interior de una persona, constituyen la memoria de quien los habitan y de sus cicatrices.

La ausencia se convierte en la marca y la marca se comprende como una parte del ser.  El mundo del ser está basado en la vulnerabilidad; las marcas corren tras el mundo lineal, los hechos cambian y ahora no están con la verdad.  La memoria se permite jugar con la mente del ser, con su representación del mundo y es así como lo interno involucra ahora lo externo.  Ausencias que van y marcas que vienen.  Un espejismo entre lo que era lineal, la subjetividad toma el control y hará que el Unheimlich se presente.  Es un espacio que no solo le pertenece al ser, es la nueva naturaleza de la memoria.

Las reflexiones acá expuestas surgen del diálogo entre la memoria y la identidad, para dar respuesta a la noción de los reprimidos de la memoria, que  impactan la definición del ser y a través de los cuales somos conscientes de los cambios posibles que tenemos como personas que construyen una sociedad.

La memoria surge para mí, como una herramienta del origen del reprimido, trasladando los recuerdos y las experiencias a un plano alterno, transformándolas en una huella para que luego muten en un reprimido. Tomo el olvido como una facultad activa que nos puede liberar de las supuestas cadenas de la memoria. Con el tiempo se puede llegar a entender que los reprimidos, estas figuras que pretenden ser monstruosas, pueden llegar a existir tanto en el exterior como en nuestro interior; viven en el mundo donde nos vemos más vulnerables frente al espejo interno, en esa capa delgada que separa los dos mundos de nuestra vista nublando el peligro, pero dejando atrás una amenaza indefinida, es decir el olvido se nos presenta como oportunidad.

La memoria se origina desde la subjetividad y la experiencia transmitida del exterior al interior, desde donde se ejecuta un espacio colectivo que llega a los trazos temporales y originarios de los reprimidos. Lo anterior se lee a partir de la relación disciplinaria que se desarrolla en el proceso de recuperación, dejando aquello que llamo: las huellas de la memoria como resultado, en el lugar originario de los reprimidos, que priva de sensaciones al individuo en él mismo y su interacción con la naturaleza humana. Desde la perspectiva psicoanalítica, la interpretación de la huella se despliega a partir de la imposibilidad de dar respuesta a las experiencias, dejando en su lugar espacio a la supresión de la conciencia humana. De esta manera, permite  entender fenómeno, dando libertad  a interpretar la experiencia producida por la imposibilidad de deshacerse de recuerdos, lo que provoca que la experiencia adquirida en el pasado regrese a nivel del inconsciente, ahora en forma de reprimido; interviene como un Unheimlich; se  expresa como una versión alterna del ser por las circunstancias de su entorno. Los reprimidos se guardan dentro nuestro ser, ya que el trauma no tiene lugar o pasado y rememora lo no vivido y experimentado. Las imágenes con las que nos atrapa no son susceptibles a la comprensión, y la huella que deja trata de transmitir la verdad y lo incomprensible de la experiencia vivida. Dichos reprimidos provocan una idea fija en el individuo, desplegándose como experiencias simbólicas de los acontecimientos, donde el proceso de simbolización se relaciona con las huellas de la memoria debido a la creación de las imágenes que impulsa a sobrellevar la historia, tomando para sí el contexto de los reprimidos y sus orígenes.

Me refiero a los reprimidos como monstruos, y los denomino monstruos internos o creaturas; la sensación de fragilidad y vulnerabilidad es uno de los principales aspectos de este concepto que los reprimidos desencadenan en nosotros. Los sentimientos empáticos hacia estas figuras son reportados en nuestro interior a medida que estas figuras son cada vez más humanoides, sin serlo totalmente, por lo que surge una sensación de extrañeza o de lo siniestro. Dicha sensación indica que lo casi humano es más inquietante que una representación exagerada de lo humano, de ahí el monstruo que se presenta como una representación simbólica de protección de la psquis frente a las huellas descritas. por esto lel símbolo de el mostruo, el cual se presenta como una representación simbólica de proteccion de la psiquis frente a dichas huellas. . El monstruo suele ser intratable y no se puede razonar con él. Es un símbolo de oposición y, por tanto, una gran justificación para nuestras huellas, algo que podemos amar para odiar.

Los humanos responden a sus primeras experiencias interiorizando un sistema de clasificación cognitiva basado en las criaturas que encuentran, y pareciera que sintiéramos un disgusto especial por la impureza; aquello que nos parece impuro y consideramos abominaciones suelen ser entidades intersticiales y por ello, las categorías habituales de humano y no humano se dan entre nosotros. Esta última idea viene de lo medieval y de nuestra configuración cultural. Podemos tomar la relación entre los conceptos de belleza y fealdad a los que Humberto Eco hace referencia en el libro La historia de la fealdad; en él Frederick Brown manifiesta que la relación entre lo normal y lo monstruoso puede invertirse según la mirada “de nosotros al monstruo del espacio o del monstruo del espacio a nosotros” (Eco, 2007), y explica que la atribución del concepto se ha hecho atendiendo a los criterios políticos y sociales de una época y no a criterios puramente estéticos. Aún así, esto no significa que no se haya intentado definirlos en relación con un modelo estable. En su libro Eco incluye a Nietzsche como unreferente para explicar que en la noción de lo bello el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección; el hombre en el fondo se mira en el espejo de las cosas y considera bello todo aquello que le devuelve su imagen.

Ausencias que van y marcas que vienen.  Un espejismo entre lo que era lineal, la subjetividad toma el control y hará́ que el Unheimlich se presente.  Es un espacio que no solo le pertenece al ser, es la nueva naturaleza de la memoria.

El concepto de belleza y de fealdad no está muy lejano del concepto que se está indagando en esta investigación, donde lo feo existe en el orden de lo sensible, como el aspecto de la imperfección del universo físico respecto al mundo ideal; los monstros internos van tomando forma a medida que los reconocemos y nos reconocemos en ellos. De esta forma logran tener un rol o motivo particular en nuestro interior y es allí donde surge lo bello. La fealdad viene como disolución del ser; es donde aparece tal deformidad, lo humano y lo monstruoso o lo no humano como forma de caracterización del ser. Se trata de abstracciones que no se atienen a la normalidad exterior, así los monstruos son representados como verdaderamente alternos, desencajándonos de la sociedad, fuera de la zona de confort o la división que impide salir al mundo exterior. Ahora debemos preguntarnos si de verdad estos reprimidos son lo que nos impiden salir o lo que nos llaman a interiorizar, saliendo del exterior para ir al interior y salir de nuevo; es este deslizamiento cognitivo invocado por los monstruos lo que explica por qué nos repelen y nos atraen al mismo tiempo.

Tengo la necesidad de indagar frente a la marca de un trauma en mi memoria, huella proveniente de una cultura de bullying donde el ser diferente no es aceptado y el tener otros intereses es mal visto. Emprendo la búsqueda resultante del trauma desde el dibujo, con configuraciones amorfas de creaturas no muy bien definidas, inspiradas de cierta manera en aquellas de Lovecraft para luego permitirme experimentar con el y poder volver de nuevo al dibujo desde la línea allí encontrada.  Esta exploración desde las artes se da de la mano de una idea de los géneros afines del terror, de algo desconocido, que, si bien no tenía forma alguna, me surgían preguntas frente al porque podía hacerme daño y el por qué podía condenarme a lo que unos llamarían: el sufrimiento. Surgen ciertos estados de fealdad desconocida desde la sensibilidad de mi propio ser, simplemente por ser ajeno a mí; y sin saber cómo, siento miedo. Tomo inicialmente a Louis Bourgeois como uno de mis referentes para el desarrollo de la propuesta artística como para la construcción del concepto; se trata de un artista cuyo proceso creativo se basaba al igual que el mío en sus propios traumas de infancia, basándose sobre todo en la crudeza de las emociones. Tomo también a Berlinde de Bruyckere, para entender que la deformación que desarrollaba desde lo monstruoso se convertía en la belleza de mi propio ser, y que del mismo modo se daba la tensión entre este símbolo de oposición que se daba del trauma.

Es a través de este dialogo entre conceptos que he llegado a comprender que los reprimidos son las personificaciones de lo que podemos caracterizar como una forma exterior al cuerpo o inclusive una versión alterna del ser; un alterno que actúa como un símbolo proyectado de las frustraciones y experiencias reprimidas, que se instalan en forma de bestia. Tomo así lo monstruoso para comprender la importancia de no juzgar el trauma, que no puede ser cuantificable de ninguna manera, pues no hay trauma pequeño o grande. Todos llegamos a experimentarlo de formas totalmente diferentes, y si bien puede ser visto por otros como insignificante, no lo es para quien lo vive y a quien le afecta su pasado, presente y su futuro. A partir de estas reflexiones y diálogos que me permito experimentar con las imágenes, gestos, objetos y narrativas del proceso de construcción creativa, permitiendo que el reprimido se revele y con ello lo poético y simbológico que estos conllevan, para conocimiento sobre su providencia y su rol en cada uno de los seres humanos.

El concepto de belleza y de fealdad no está muy lejano del concepto que se está indagando en esta investigación, donde lo feo existe en el orden de lo sensible, como el aspecto de la imperfección del universo físico respecto al mundo ideal; los monstros internos van tomando forma a medida que los reconocemos y nos reconocemos en ellos. De esta forma logran tener un rol o motivo particular en nuestro interior y es allí donde surge lo bello. La fealdad viene como disolución del ser; es donde aparece tal deformidad, lo humano y lo monstruoso o lo no humano como forma de caracterización del ser. Se trata de abstracciones que no se atienen a la normalidad exterior, así los monstruos son representados como verdaderamente alternos, desencajándonos de la sociedad, fuera de la zona de confort o la división que impide salir al mundo exterior. Ahora debemos preguntarnos si de verdad estos reprimidos son lo que nos impiden salir o lo que nos llaman a interiorizar, saliendo del exterior para ir al interior y salir de nuevo; es este deslizamiento cognitivo invocado por los monstruos lo que explica por qué nos repelen y nos atraen al mismo tiempo.

Tengo la necesidad de indagar frente a la marca de un trauma en mi memoria, huella proveniente de una cultura de bullying donde el ser diferente no es aceptado y el tener otros intereses es mal visto. Emprendo la búsqueda resultante del trauma desde el dibujo, con configuraciones amorfas de creaturas no muy bien definidas, inspiradas de cierta manera en aquellas de Lovecraft para luego permitirme experimentar con el y poder volver de nuevo al dibujo desde la línea allí encontrada.  Esta exploración desde las artes se da de la mano de una idea de los géneros afines del terror, de algo desconocido, que, si bien no tenía forma alguna, me surgían preguntas frente al porque podía hacerme daño y el por qué podía condenarme a lo que unos llamarían: el sufrimiento. Surgen ciertos estados de fealdad desconocida desde la sensibilidad de mi propio ser, simplemente por ser ajeno a mí; y sin saber cómo, siento miedo. Tomo inicialmente a Louis Bourgeois como uno de mis referentes para el desarrollo de la propuesta artística como para la construcción del concepto; se trata de un artista cuyo proceso creativo se basaba al igual que el mío en sus propios traumas de infancia, basándose sobre todo en la crudeza de las emociones. Tomo también a Berlinde de Bruyckere, para entender que la deformación que desarrollaba desde lo monstruoso se convertía en la belleza de mi propio ser, y que del mismo modo se daba la tensión entre este símbolo de oposición que se daba del trauma.

Es a través de este dialogo entre conceptos que he llegado a comprender que los reprimidos son las personificaciones de lo que podemos caracterizar como una forma exterior al cuerpo o inclusive una versión alterna del ser; un alterno que actúa como un símbolo proyectado de las frustraciones y experiencias reprimidas, que se instalan en forma de bestia. Tomo así lo monstruoso para comprender la importancia de no juzgar el trauma, que no puede ser cuantificable de ninguna manera, pues no hay trauma pequeño o grande. Todos llegamos a experimentarlo de formas totalmente diferentes, y si bien puede ser visto por otros como insignificante, no lo es para quien lo vive y a quien le afecta su pasado, presente y su futuro. A partir de estas reflexiones y diálogos que me permito experimentar con las imágenes, gestos, objetos y narrativas del proceso de construcción creativa, permitiendo que el reprimido se revele y con ello lo poético y simbológico que estos conllevan, para conocimiento sobre su providencia y su rol en cada uno de los seres humanos.

Cuantifico estas imágenes a través de mi más reciente obra. Esta consiste en una caja (cuarto) de cuatro paredes negras, que lleva en su interior una serie de seis espejos redondos en donde represento a través del dibujo las imágenes de los reprimidos. Me apropio en estos de una de las técnicas del artista Colombiano Oscar Muñoz, en las que pretendo que el espectador pueda concluir con el ciclo descrito al inicio del texto; donde el proceso de sanación, reflexión y confrontación se hace presente al empañar con el propio aliento el espejo desde el que el monstruo es revelado; surge una imagen cuasi-transparente que no logramos ver en su totalidad ni por mucho tiempo. La imagen se hace presente y el símbolo la sigue, valorando su narrativa. En el exterior de la caja están los espejos externos. En cada uno de ellos, una imagen representada en un dibujo de línea continua. La línea narrativa surge del interior para plasmarse en el exterior y así el ser se refleje en ella, la línea narrativa toma la imagen y experiencia simbólica del interior para así sumergir en el dibujo del exterior a cada espectador; las figuras tridimensionales incompletas presentadas en frente de cada espejo completan la imagen.  La dureza termina siendo la fragilidad, y es el espectador quien termina la imagen al llevarlo a su propio contexto y reflejarse en los espejos físicos, mentales y emocionales. El ser se documenta a través de este, volviendo a la tormenta originaria del interior y a las sombras que se presentan. Estas se vuelven imágenes y narración que se da desde la subjetividad, desde las huellas que constituyen al reprimido y por ende constituyen al ser. La subjetividad dispone el diálogo interior y exterior. El ser comienza a sanar, curar y confrontar a través de la línea continua que se presenta junto a la imagen firme que demuestra su propia fragilidad y vulnerabilidad.

El concepto, expandido en la obra, cobra sentido; la memoria es el acto y los reprimidos son los causantes del mundo interior y el espejo divisor. El proceso creativo inicia al momento de cuantificar el ciclo desde afuera hacia adentro, y desde adentro hacia fuera en él el trauma, miedo, inseguridad y ansiedad se desarrollan desde el punto de quiebre; aparece la sanación como el proceso de enfrentamiento y entendimiento de nuestros reprimidos, se da la oportunidad de autoconocimiento, de descubrimiento, de abarcar las distintas capas y complejidades de las experiencias, las sensaciones y las distintas realidades; se cumple con la función comunicativa, educativa y de formación propuesta, donde las variaciones adquiridas permiten conservar elementos sociales para compartir un mismo estado de pertenencia cultural.

Las imágenes que exploro responden a las posibilidades de comprensión de lo reprimido y de ahí que las creaturas alternativas, lo simbólico, el lenguaje poético y el ser humano sean un tema recurrente en mi obra. De ella se puede extraer una representación del mundo a partir de la recopilación y/o apropiación de información frente a una perspectiva susceptible de cambio, modelada sobre el resultado de las experiencias presentes.  Es allí donde la línea se vuelve partidaria de la reconstrucción y des-objetualización ya no de la obra, si no del ser. Una línea continua que unifica y moldea, que realiza el significado y que le da el alma al reprimido. Los rastros lineales nos construyeron, y con su poesía, nos formamos; los que emergen nos dan luz en nuestro camino; sin embargo, son reprimidos.

El interior es parte del exterior. Es importante pensar en el ser y el rastro de lo sanado. El espejismo sin forma coherente, en el reencontrarse en la tormenta, en la línea que no permite quedarse en el origen, permite la presencia en dos realidades.

CONCLUSIONES

La simbolización del espacio forma la experiencia total y personal en su construcción interna; lo que, desde lo artístico, se desarrolla a partir de la des-objetualización de la obra y adaptación del entorno desde las dimensiones del espacio externo que interfiere con el espacio interno en una consideración ética y estética de la creación, y configura un sistema entre la obra y el espectador con distintas maneras de interacción. De esta manera, muestro el origen de la obra, desde su conceptualización, desde las múltiples teorías y reflexiones; con voces de otros en diálogo con la propia; con la intención de que permita procesos de confrontación y posible sanación en el presente. Esto resultó en una serie de reflexiones, algo fundamental en mis proyectos visuales más allá del presente proyecto, ya que se convirtió en una forma de hacer que se transfiere a mi vida cotidiana. Lo anterior me permitirá contribuir al compromiso comunitario que surgió como necesidad de este proceso, al relacionarlo directamente con una problemática social. Encuentro en el arte un medio por el cual puedo aportar al desarrollo, diversidad y evolución de nuestra sociedad, desde el encuentro, la reflexión y la experiencia con mi obra. Y puedo concluir que más allá́ de mis expectativas iniciales, este proceso me permitió investigar, reflexionar y crear una obra de arte que propone una experiencia para mí, como artista y para otros como espectadores; y en dicha experiencia, pasan cosas, se reflexiona y se confronta uno con quien es.

La investigación creación se convirtió en un proyecto de vida, el indagar respecto al concepto permite al ser conocer su historia, conocer que lo humano requiere de lo no humano para formarse y que la memoria necesita al olvido y al trauma para permitirse ser la tormenta donde los reprimidos son los que ayudan a cuantificar, reflexionar, sanar y confrontar. Surgen varias preguntas: ¿Qué tipo de reprimido moldea qué factores de la personalidad interna y externa del ser? ¿Cómo podemos consolidar las interacciones y el desarrollo con el reprimido? Las imágenes constituyen aquel lugar donde yo cuantifico a los reprimidos y donde les doy una forma física. A partir de mi propio proceso creativo e investigativo los he llegado a comprender, y por esta razón hago énfasis en la imagen incompleta del reprimido como la importancia de la línea como símbolo, y en que es siempre el espectador quién los termina.

Esta investigación no ha terminado para mí, ni para el lector. El ciclo hace parte de nosotros como del proceso de creación; surgirán nuevas obras como forma de mediación entre el artista y el espectador. Es la continuación de la línea que forma al ser y permite: CUANTIFICAR; REFLEXIONAR; SANAR, Y CONFRONTAR.

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